Kilos y kilos de azúcar en mi sangre no servirían para endulzar mis miedos. Un poco de tranquilidad no amansaría las bestias que pelean dentro de mí. Una vez frente al espejo, mientras descubro una cara detrás de la humedad de mis ojos, y de mis manos que buscan desgarrar tan sorprendente unidad, podré seguir adelante.
Voces me llaman al olvido, voces me hablan de lugares donde no importa cuánto llore, o de qué color broten mis lágrimas. Todo pertenece al orden del azar; nada es relevante cuando todo corre hacia el mismo final. ¿Qué más da si tomo un avión a Dubai, a Kansas City, o a Amsterdam? ¿Qué más da si ocurre hoy, si ocurrió ayer y no me he enterado, o si ocurrirá cuando yo ya haya partido? ¿Qué problema hay en perder la sensibilidad y convertirme en una piedra, sólida para quien en ella se apoya, pero frágil, tan inmesurablemente frágil en su interior? ¿Qué queda cuando me haces falta y aún no sé cómo acercarme, no encuentro cómo sentir lo que sientes, y compadecer tu sufrimiento? Porque no es suficiente leer tus palabras, ni siquiera tratar de entender la situación. Necesito sentir cada punzada, percibir la nostalgia, la ausencia que invade tu vida, y la necesidad de vivir que se desvanece.
Voces me transportan a lo humano, y me hundo en la melancolía de conocer que no soy fuerte, que cambio constantemente, y que no puedo controlar los pensamientos cuando me abstraigo de la realidad.
Pero siempre puedo esconderme entre tus brazos, donde no necesito escoger nada, no necesito debatirme entre posibilidades inútiles y ficticias. Puedo cerrar los ojos, y perderme dentro de mí misma, sabiendo que sigues ahí, y que abres tus ojos por mí.
enero 31, 2006
dizzy images snatched by
Juliana
at
9:23 p. m.
Suscribirse a:
Comment Feed (RSS)

|