julio 21, 2006

paseo por la orilla {y sigo sin sumergirme}

1.
¿Existe el tiempo realmente cuando mis manos se separan de mis brazos y saltan sobre el piano? Me gusta percibir cómo sólo el sonido de un tono u otro me indica que mis uñas rojas verdaderamente funcionan y crean algo. No soy yo, por otro lado. De mi no pueden surgir cosas tan elevadas; nunca crearé más que desasosiego y dolor para mí misma. Es verdad que hay tiempo, que lo que toco tiene está dividido en momentos, regido por ciertas reglas y suena como debe sonar. Pero lo que toco es sólo mi forma de escoltar cada segundo: con ritmo o sin ritmo, lo único que hago es determinar que cada segundo, corchea o semicorchea, tuvo lugar dentro de la dimensión de la tranquilidad ficticia.

2.
Tal vez me quede dormida ahora mismo. Podría hacerlo. De hecho tengo tanto sueño que lo abandonaría todo y me acostaría sobre la hierba, a la deriva del sol y del viento, vulnerable a todo, mientras mi corazón debe seguir latiendo a toda velocidad, desahuciado.

3.
Si logro captar con una cámara la luz del arco iris, ¿obtendré todas las capas de colores? O, ¿se disolverá todo en el aire? Necesito un ángulo determinado para percibir la luz fragmentada, pero ¿habrá alguien que lo observa desde el otro lado? Podría ser que el arco iris sea una energía presente todo el tiempo, que se hace visible intermitentemente a uno u otro expectador. Mi cámara, por donde la luz pasa libre de todo peso, actuaría como un hoyo negro y se la tragaría toda.

4.
Si no respondo es porque me encuentro respondiéndome a mi misma, pregunto algo para llamar mi atención y la centro en el vacío. Siempre el mismo mecanismo, siempre las mismas palabras hasta secarme y descansar por un momento de nuevo. Empezando por las paredes de mi cerebro, puedo describirlo todo. Soy un lugar común. Y de nuevo me repudio por nos usar los ojos y mirar hacia afuera. No hay intenciones, nada de lo que sucede tiene un fin, nada de lo que construimos tiene más fin que mover los ojos a través de una partitura e interpretarla. Seguir de cerca el tiempo y hacernos concientes de él para no desesperar. De una nota se desprenden lágrimas, recuerdos e imágenes, pero son tan distantes que bien podrían ser inexistentes. Me hiere imaginar lo que ya viví, me hiere regresar a la ingenuidad de años atrás, a la tranquilidad de un recuerdo que jamás existió. Pero todo es en vano. No es más que una repetición ingenua. Por eso quisiera dormir.

5.
No deseo pensar hasta el suicidio. Porque todo lo podría llegar a justificar con retórica y lenguaje, así que me rehuso a caminar a través de esa dimensión. No deseo encontrar razones para nada y no deseo buscarlas. Me desespera sentirme como una pared por la que no atraviesa nada. Soy como una sábana que se mece con el viento y siente el impacto eléctrico de una cuchillada; sé que permaneceré así por años. Por eso el silencio.

6.
Hay tanta electricidad que quiero transformar que prefiero guardar los absolutos en el bolsillo y permanecer en silencio. Sé que hay que dejar el egoísmo, reconozco que soy un cuerpo inconsciente más y debería volver a la superficie y reconocer el dolor y la emoción, pero los ánimos me arrastran de la cabeza y debo alejarme antes de ser hombre lobo. Por una simplicidad. Si me rindo no es porque me falte algo para vencer, sino por que hay infinitas batallas que quiero obtener. Si me apago no es porque algo necesite, sino porque hay demasiado que quiero alcanzar- antes de saber hacia donde dirigirme para llegar.