julio 24, 2006

punto

No tengo un sueño
porque tengo millones de ellos.
No tengo un anhelo,
sino la nostalgia de tocar lo sublime,
en mi cabeza.

Es verdad que prefiero lo absoluto,
es verdad que en silencio me siento pura,
intocable, invulnerable.
Es verdad que en mi silencio no hay quiebres,
ni rupturas ni fallas.
Porque es sólo una planicie que no exige nada,
pero tampoco lo propone.

Es como estar sin estar.
Ser eterna expectadora
de los eventos que con gritos y ecos
resuenan en mi interior.

No dibujo una sonrisa,
no albergo esperanzas ni pesimismos.
Callo cuando debo hablar,
olvido cuando debo recordar.