julio 20, 2007

Os remito a las tres edades del poeta, no hay en mí sino un prosador obstinado. He hecho los versos primeros por entusiasmo de juventud, los segundos por amor, los últimos por desesperación. La Musa entro en mi corazón como una diosa de palabras doradas; se escapa de él como una pitia lanzando gritos de dolor. Sólo que, esos acentos últimos, se endulzaron a medida que se alejaba. Un instante aún se volvió, y vi otra vez, como en un miraje, los rasgos adoloridos de antaño... La vida de un poeta es la de todos.

Gérard de Nerval,
Châteaux de Bohême.